Viriato

De Hegemon a Basyleus y el liderazgo en la Iberia prerromana a través de las fuentes.

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Por: Fernando Gil González

Los autores grecolatinos, Diodoro de Sicilia y Apiano, reconstruyen un análisis histórico de la figura de Viriato. El primero cita las gestas del jefe lusitano en su lucha contra la República romana mediante fábulas esópicas con fundamento estoico que asemejan a Viriato con un filósofo de la Grecia del siglo IV a.C. En cambio, Apiano ofrece una imagen renovada de la figura de Viriato utilizando un estilo narrativo claro y profundo sobre su personalidad y ferocidad, factores que le convirtieron en un valeroso y glorioso guerrero. Sus biógrafos le presentan con oscuro linaje ejerciendo el liderazgo de los lusitanos en sus contiendas contra Roma. Otros autores dirimen que era cauto y observador obteniendo, con el transcurso del tiempo, su condición regia mediante la jefatura clientelar. En conclusión, las fuentes antiguas citan estos testimonios en distintos postulados: Apiano (Iber, 58); Polibio, (35,2) y Valerio Máximo (II, 7, 11) que resaltan el uso de las clientelas militares de los lusitanos en tres civitates constituidas por distintos oppida.

Muerte de Viriato

En los tratados de Valerio Máximo se denomina a Viriato hegemon de los lusitanos, momento que vence a los cónsules Cayo Nigidio y Fabio Emiliano. A pesar de ello, a partir del 144 a.C., el caudillo ibérico encaja distintas derrotas contra los romanos que le hacen perder el valle del Betis (V.M., VI, 4, 2) manteniendo su liderazgo. En otras fuentes, Viriato es citado como pastor (poiméros), ladrón (lestés o latro) y general (strategos). Diodoro Sículo explica que Viriato fue un pastor de montañas que obtuvo beneficios de las localidades próximas, convirtiéndose en basyleus (D.S. XXXIII, 1, 5) con poderes similares a los monarcas helenísticos o púnicos/ibéricos inducidos por los modelos complejos de jefatura del Suroeste peninsular de carácter clientelar. Otros elementos de liderazgo se consolidan cuando Viriato llega a Carpetania y vence a Cayo Plaucio en las cercanías del río Tajo (D.S. Vid. Supra, 70). Será en este momento cuando se convierta en un militar fuerte, justo y redistributivo. Diodoro Sículo cita que Viriato tuvo un saber innato (XXXIII, 1,1-4) que le permitió convertirse en cazador, salteador, jefe de guerrillas (D. S., XXXIII, 7, 7 y VI, 34, 6) promoviendo el bandidaje para sobrevivir en el medio de forma austera (D.S., XXX; 7; 1). Floro en sus testimonios (I, 33, 15) ofrece la tesis que durante el transcurso de las campañas del año 146 a. C., Viriato tuvo brillantes victorias en el campo de batalla y que si hubiese tenido a la diosa Fortuna de su parte se convertiría en el Rómulo hispano Si fortuna cessiet, Hispaniae Romulus o vir callidatatis acerrimae.

Posidonio (XXXIII, 21a), señala que Viriato obtuvo el liderazgo (Pastor-Rey) no por sus méritos ni por ser el mejor entre iguales sino por convicción propia de forma consuetudinaria como en los estados helenísticos. Por ello se explica que tras su muerte se realizaron cánticos de alabanza, gritos y ciertos combates de gladiadores al igual que Alejandro Magno recorrió el túmulo de Aquiles en el Helesponto. En conclusión, los antiguos caen en la utopía del “buen salvaje”, convirtiendo a Viriato en un rey bondadoso y humilde.

Apiano analiza la existencia de una alianza confederada de los pueblos de la Celtiberia para combatir a Roma en (Apiano; Iber, 66) tras la derrota de titos y belos. Dicha confederación fue liderada por un jefe supremo, Viriato (Apiano; Iber, 66) que pudo desmantelar las distintas estrategias romanas durante un tiempo. Así mismo, el autor griego nos cita que Viriato se asentó en las inmediaciones del Monte de Afrodita tras vencer al cónsul romano Cayo Plaucio en Carpetania, haciéndose respetar por todo el territorio como caudillo (Apiano; Ib, 64).

El bandolerismo lusitano es un fenómeno afianzado en los escritos de Apiano, basado en una serie de individuos organizados que realizan correrías armadas y razias. Apiano las denomina organizaciones juveniles de cuadrillas que fomentan el saqueo en los valles. Por ello, Viriato se convirtió en un gran cabecilla que realizaba incursiones en el Valle del Guadalquivir consiguiendo el botín por sus rápidos ataques con la estrategia de “Guerra de guerrillas” venciendo en distintas contiendas, ampliando sus horizontes con suculentos botines, repartidos entre sus miembros clientelares. Por ello el caudillo lusitano esperó a que Roma terminase su contienda contra Cartago en la III Guerra Púnica para debilitar a la potencia itálica organizando un ejército interétnico o una confederación de pueblos ibéricos que luche como caudillo y jefe militar contra el invasor peninsular como bien lo explica Estrabón (Str. Geografía, III, 3,6,). No se conocen apenas datos de la familia de Viriato debido a la ausencia de fuentes escritas. Ello nos imposibilita estudiar sus orígenes con el fin de realizar un análisis exhaustivo. Es importante investigar la fecha de nacimiento de Viriato, que pudo haber sido alrededor del año 170 a. C, momento en el que estuvo activo en combate hasta ser asesinado por sus oficiales - Minuro, Audax y Ditalco- en el 139 a. C.

Plutarco, en sus escritos compara a Viriato con Sertorio (Plut; Sert., 12-13). Según este autor, ambas figuras fueron elegidas como jefes por sus actuaciones militares y estrategias de combate. Sertorio pretendía seguir los mismos pasos que Viriato para controlar a los íberos con una estrategia militar de carácter indígena. Veleyo Patérculo, lo define como jefe de bandidos, repartidor de la riqueza que ejercía una profesión amoral. Además se dice de él que realiza una guerra afrentosa contra Roma durante veinte años (V.P.; Ib, II). Eutropio en su Compendio de Historia Romana, señala que nuestro protagonista era un pastor, que se convirtió en un valeroso guerrero (Eutr; Ib, VI). Justino habla sobre la guerra en sus postulados donde defiende que Viriato realizaba una serie de actos delictivos para sobrevivir (Justino; Hist. XLIV 2) por su conocida fiereza en la Iberia Prerromana como caudillo único, modesto y prudente (Justino; Hist. 16, 44).

Como colofón, a Viriato, en la antigüedad se le ha otorgado una imagen de salvaje convertido en protagonista del barbaricum, idealizándole con características negativas y tratado en el discurso histórico grecolatino como un héroe griego, austero y redistributivo que difiere de los textos historiográficos.

Estatua de Viriato en la ciudad de Viseu (Portugal)

 

Bibliografía:

- GARCÍA QUINTELA, M.V., (1993); “Viriato y la ideología trifuncional indoeuropea”, Polis, 5, pp.111-138.

-GÓMEZ ESPELOSÍN, F.J., (1993); Apiano: Sobre Iberia y Aníbal, Alianza, Madrid.

-PASTOR MUÑOZ, M. (2003); “Viriato, rey de los lusitanos”, Historia 16, Año XXVII, 329, Septiembre, pp.8-21.

-SÁNCHEZ MORENO. E. (2001); “Algunas notas sobre la guerra como estrategia de interacción social en la Hispania Prerromana. Viriato jefe redistributivo I; Habis; 32; Universidad de Sevilla, pp. 149-169

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Artículo obra de Fernando Gil González , Adaptación web por: Juan Quintana, prohibida su publicación en otras páginas sin permiso escrito del autor. Artículo escrito en 2014

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